Schick lo empató sobre la hora y Bayer Leverkusen se llevó un punto grande del WWK Arena

Cuando ya parecía victoria trabajada del tercero de la tabla, Patrik Schick apareció a los 89' y selló el 2-2. Detrás del marcador, un asedio visitante (30 remates, 14 córners, 63% de posesión) y un FC Augsburg que se sostuvo con oficio y el doblete de Michael Gregoritsch, la figura (nota 9.18).
El golpe del 89'
El partido ya olía a triunfo de esos que se cuentan por cicatrices: 2-1, el reloj en rojo y el WWK Arena celebrando cada despeje. Entonces, a los 89’, Patrik Schick encontró el hueco y lo empató. 2-2, y el aire cambió de dueño. No fue una voltereta cualquiera: fue el premio a un dominio sostenido de Bayer Leverkusen y el castigo a un FC Augsburg que, pese a resistir bien, no terminó de cerrar la puerta.
La historia se había escrito en capas. Leverkusen pegó primero, al 18’, con Christian Kofane tras asistencia de Edmond Tapsoba. Augsburg respondió con oficio y, en cinco minutos de lucidez, lo dio vuelta: doblete de Michael Gregoritsch al 50’ (pase de Hennes Behrens) y al 55’ (asistencia de Fabian Rieder). El visitante insistió, tuvo un gol de Ibrahim Maza anulado por VAR al 61’ y movió el banco a los 63’ —con la entrada de Schick— para empujar el trámite hasta ese empate agónico.
El quiebre: cinco minutos y un nueve en estado de gracia
Lo de Gregoritsch no fue casualidad ni golpear y correr. Fue lectura y ejecución. En un equipo que jugó 3-4-2-1, el delantero atacó bien los espacios y capitalizó cada respiro: tres remates, dos adentro y la mejor nota del partido (9.18), con 2 pases clave y sin amagues innecesarios (0 regates). Salió al 85’, ovacionado y con la sensación de que había hecho lo más difícil: cambiar la marea de un juego que lo venía pasando por arriba.
Augsburg encontró ahí su ventana. Con 44 duelos ganados contra 32, 14 tackles por 10 e incluso 13 intercepciones ante 9, el local se metió en su plan: aguantar campo propio y seleccionar cuándo morder. Sumó 12 tiros libres a favor —producto también de 12 faltas recibidas— para enfriar los ataques de un Leverkusen que no dejaba de llegar.
Un asedio medido en números
Hay datos que explican por qué el empate se siente más visitante que local. Leverkusen remató 30 veces contra 8, con 21 intentos dentro del área frente a 5. Sacó 14 córners por apenas 2 del Augsburg, y manejó la pelota (63% de posesión, 593 pases totales y 524 acertados por 351 y 278 del local). Su creación también fue más fluida: 18 pases clave a 8. El xG acompaña: 2.43 para el visitante frente a 1.09 del local.
Y, sin embargo, el marcador no se rompió antes por un detalle sin glamour pero de futbolista: los bloqueos. Augsburg tapó 12 remates del rival (por 1 de Leverkusen) y obligó a que tanta insistencia rindiera poco a puerta: 5 tiros al arco por lado, pese al aluvión. El momentum lo cuenta igual: dominio visitante en todos los tramos (0-90'), con 15 minutos de presión para Leverkusen contra 1 del local. En ese paisaje, que el 2-2 llegara al 89’ calza perfecto: fue la última embestida de un asedio que no bajó los brazos.
Lo que deja en la pelea de arriba
Fecha 3 de Bundesliga y un clásico de muchos cruces detrás (30 antecedentes: FC Augsburg 4 victorias, 7 empates, Bayer Leverkusen 19). El reparto de puntos no suena a neutro cuando se mira la tabla: Augsburg figura 3.º con 7 puntos y diferencia de gol +6, en zona de Champions League league stage; Leverkusen está 6.º con 4 puntos y +3, en zona de Qualifying. Es punto grande para el visitante por cómo lo consiguió y por el volumen que sostuvo; y es sabor amargo para el local, que lo tuvo en la mano tras revertirlo con su nueve en una ráfaga.
De esos partidos que te enseñan lo que cuesta cada pelota arriba: Leverkusen empujó durante 90 minutos como pide el manual (y lo dicen los 30 remates y los 14 córners), y Augsburg respondió con economía y jerarquía en las áreas. Al final, Schick puso el sello que tanto había anunciado el juego.
