El suspiro del 89’ no cambió el veredicto: Lecce resistió y ganó 3-2 en el clásico de la zona baja

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Serie A

Esequiel Zeballos acortó a los 89’ y encendió un final de cuchillo, pero el partido ya se había torcido antes: el arranque clínico del Lecce (3 goles en 7 remates) y el doblete de Lassana Coulibaly (nota 8.9) bastaron para sostener un 3-2 que pesa en la pelea por no caer al fondo.

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Lecce
3 2
Monza

Un gol tardío en cámara lenta

Pasa a los 89’: Esequiel Zeballos gira, encuentra un hueco y define. 3-2. El Via del Mare entra en ese segundo sin aire donde todo se encoge: la grada, los centrales, el reloj. Es un clásico que ya tenía dueño, pero el grito del Monza mete duda en la rendija final. El marcador no miente—Lecce venció 3-2 a Monza—, aunque el último suspiro propone otra lectura: no fue una victoria cómoda ni lineal. Fue una cuerda tensa que aguantó justo.

Ese instante clava la foto que explica la tarde: Monza empuja tarde, encuentra el descuento y amenaza un castigo a quien había manejado el partido de otro modo—con menos pelota, sí, pero con precisión de bisturí cuando contó. Lo de Zeballos no alcanza, pero revela el patrón: volumen contra eficacia.

El quiebre estuvo al principio

El partido se parte en veinte minutos. Al 3’, Lassana Coulibaly abre el marcador; al 10’, Tiago Gabriel firma el 2-0; al 20’, Ricardo Mangas recorta; al 21’, otra vez Coulibaly y 3-1. En cuatro toques profundos, Lecce dibuja su plan y lo cumple. Ivan Ilić sirve dos asistencias en ese tramo (a los 3’ y 10’), y Danilo Veiga asiste en el tercero: tres llegadas limpias, tres golpes.

La cifra que desnuda el guion es áspera: Lecce convierte 3 de sus 7 remates, un 43% de eficacia. Y más: sus 3 remates al arco fueron los 3 goles. Al lado, Monza remata 19 veces, 11 al arco, y marca solo 2. El 3-1 del descanso no es casualidad: es puntería. Coulibaly no solo se lleva el balón del doblete; además firma la mejor nota del partido (8.9), síntoma de un mediocampo que supo elegir la estocada y luego cerró filas.

Resistir sin la pelota

Monza agarra la posesión (61%), empuja por bandas y multiplica intentos. Lo respaldan los números duros: 19 remates totales, 11 a puerta y un xG de 2.79 que habla de ocasiones claras. El problema es que del otro lado hay manos: Wladimiro Falcone ata 8 atajadas y sostiene lo que la puntería inicial había construido. Hay también una línea de fricción: Lecce gana 70 duelos y mete 33 tackles; no es estética, es supervivencia.

Los detalles completan el cuadro de ansiedad visitante: 4 offsides contra cero del local, seis córners contra cuatro y un goteo de centros que encuentran más resistencia que premio. El tramo final parece un asedio: cambios ofensivos, piernas frescas y Zeballos entrando en la foto del 89’. Pero el reloj no se estira y la ventaja nacida al principio sobrevive a la arremetida.

Lo que pesa en la tabla y en el clásico

Era un duelo de la zona baja que exigía precisión. Lecce llegaba 14.º con 3 puntos; Monza, 18.º con 1. En ese marco, ganar vale más que lucir: el 3-2 no solo alivia al local en la pelea del descenso, también prolonga la inquietud visitante. En la historia reciente, el clásico ya venía inclinado: en 10 cruces previos, Lecce 4, Monza 1 y 5 empates. Hoy la balanza vuelve a caer del mismo lado.

El patrón detrás del marcador es nítido: eficacia y espalda para sufrir. Lecce marca tres veces con siete tiros, capitaliza el doblete de un mediocampista que firma 8.9 y se aferra con 8 atajadas. Monza ofrece la contracara: más pelota, más ocasiones, más xG, pero menos filo en el área. Por eso el instante de Zeballos queda como postdata dramática, no como giro de trama. La película ya se había contado en los primeros veinte minutos.

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